So there jueves, enero 01, 2009
Yo creo que cuando se quiere a alguien no se puede usar jamás la fórmula
impersonal, aunque me contradiga ahora mismo. Es que hay para mí una
diferencia abismante entre escribir, por ejemplo, "se te quiere mucho"
o "se la/lo quiere mucho" en un mensaje cualquiera, a decir "te
quiero mucho" con todas sus letras. ¿Por qué no hacerse cargo?
Incluso queda más corto (y estético), y se supone que ahora la
brevedad es la primera máxima. A lo mejor es el miedo a estar arriesgando
demasiado: yo sé que más de una vez haberlo dicho así me
trajo atados o explicaciones de más (aunque recuerdo con cariño
una: "¿ya me quieres?"), pero eso de que se te quiere en alguna
parte es tan... no sé muy bien. Siento que cuando me han dedicado frases
de ese estilo es que me quieren menos de lo que originalmente habrían
querido poner, es decir, algo como "te quiero, pero no me alcanza el valor
para ponerlo así, no te creas que te quiero tanto". No
sé cuándo me hice consciente de la molestia tampoco, pero estoy
segura de que nunca he usado la fórmula, al menos conscientemente, porque
si usara una cosa así querría decir precisamente lo anterior.
Querer siempre se me ha dado de lo más fácil (aunque gracias a
las traiciones me haya vuelto más cautelosa ahora último) y me
parece nada menos que natural expresarlo en lo personal. Y cuando no se puede,
porque nunca se sabe qué mujer más sicópata que una está
viendo lo que le deja de mensaje a los muchachos, me quedo más bien en
el "cuídate" o "nos vemos", pero supongo que eso
es más bien para salvaguardar mi integridad física. Como se ve,
mi problema con lo impersonal solamente se me da en estos casos, porque de otro
modo es parte esencial de mi escritura.
Quizás por esto siempre me van queriendo menos, porque soy quisquillosa
con esta clase de detallitos de otro modo sin importancia alguna.
Etiquetas: examen de paciencia, mis innumerables talentos, ocupar y colocar, querido diario, soltera sin compromiso
Tear them up miércoles, diciembre 31, 2008
Estoy tratando de adivinar el límite de mi minifalda. Casi nueve de la noche caminando por Bilbao y un montón de muchachos comienzan a silbar y aplaudir desde el otro lado de la calle, y yo me medio sonrío mirando para otro lado hasta que acaban. Cuando pasan esas cosas una se sonríe o se molesta, no hay puntos intermedios, pero en general no tienen ninguna incidencia mayor en nosotras (excepto, claro, que hablemos de un montón de chicos que pasen mucho más cerca y en lugares mucho más desprovistos de gente para pedir ayuda). Lo verdaderamente incómodo vino cuando estuve en el metro y un tipo se sentó en el suelo de piernas cruzadas, del otro lado del carro a mirarme. Cruzamos las miradas más de una vez, yo tratando de que dejara de hacer lo que estaba haciendo. No mucho más allá otro par de tipos hicieron lo mismo, pero esta vez se sentaron mucho más cerca de donde yo estaba y miraban concienzudamente alguna cosa en el celular. En la cabeza se me juntaron las imágenes del reflejo de ambos tipos en las puertas (el segundo en sentarse me echaba miradas a la cara cada tanto rato), las imágenes de esos sitios dedicados a sacar fotografías por debajo de las faldas, y las imágenes de mi propio cuerpo, decidiendo cómo poder seguir en pie y no caerme cada vez que arrancara el tren, de modo de poder tener las piernas lo más juntas posible sin perder el equilibrio. No me consta que los tipos hayan podido sacar fotografías, pero fueron veinte minutos muy incómodos, y la primera ocasión en que experimento conscientemente eso de la no violación.
Unas horas antes de eso, por una coincidencia feliz, él y yo nos topamos para ir a comprar (y termina acompañándome un poco a la mala, lentes oscuros puestos para que nadie lo reconociera, como que se tratara de alguien famoso) y en una esquina no se aguanta y me dice que qué buenas piernas tengo. Lo sé, le digo, pero es un buen comentario viniendo de él. Dos o tres veces se repite en los días que siguen y al piropo sigue una serie de comentarios acerca del mirar y el permiso para mirar (permiso denegado a los tipos del metro, pero otorgado a él) y si acaso él podría más que mirar alguna vez, comentarios que hace muchísimo tiempo estuvieron a flor de piel pero no habíamos dicho por circunstancias sicológico-externas y que ahora me tienen la cabeza algo convulsionada. Solamente por eso sería capaz de pasearme en minifalda por semanas completas, incluso cuando eso atraiga a hombres más bajos que yo en el centro comercial preguntando que si acaso soy modelo o me interesaría serlo, y yo sé que casi un metro de piernas bonitas como las mías acaso lo valieran, pero eso no tiene en cuenta los demás problemas que me acarrea el cuerpo.
El piropo de un perfecto extraño como ese de lo de las modelos, o el piropo más a regañadientes de los perfectos sinvergüenzas que se sientan en el suelo del metro a mirar por abajo de las faldas, no se compara ni de broma con el piropo de alguien a quien el tiempo había hecho cada vez más estoicamente indiferente a mis movimientos, al menos con la excusa de la amistad y los lugares comunes en que siempre nos pillamos. Y, sin embargo, todavía me faltan los piropos de cualquier otra persona en algún punto medio entre esos dos extremos, para adivinar el límite en que mi falda deja de ser incómoda y se vuelve profundamente sexy.
Etiquetas: examen de paciencia, lo de ser mujer, los instintos, soltera sin compromiso
Don't say no right now domingo, julio 20, 2008
Yo ya sé que soy una mala chica, pero es que el tema de los puntos suspensivos me enferma de los nervios. Recuerdo haber leído algunos fragmentos del libro de autoayuda del Rocha (sí, sí, ese que le prendió fuego al martillero y se murió quemado también aunque eso haya pasado mucho después) y estaban por todos lados como hongos. Me dan el mismo escalofrío que una fotografía de una zona muy sensible de la piel atacada por unos hongos espantosos que parecían ojos, pero en un calibre más bajo porque el solo hecho de acordarme de la fotografía me hace temblar completa y lo de los puntos suspensivos me da algo parecido a la decepción. Para decir algo brillante hay que usarlos, como si en cada uno de los puntitos estuviera graduada la anticipación, el silencio, la impaciencia por oír eso que se viene y que me va a cambiar la vida. Pero paso los puntitos y leo lo que sigue y casi siempre el sentimiento es decepcionante, anticlimático. Acaso estén justificados cuando lo que sigue a los puntitos es una variación pequeñísima en una frase hecha que le da un significado nuevo, pero para eso hay que compartir el código. Quizás es que no comparto el código. Quizás es, solamente, que no logro ser una buena chica.
Etiquetas: ecos de otros, examen de paciencia, mis innumerables talentos, ocupar y colocar, querido diario
Lo de mantener la compostura lunes, mayo 05, 2008
Posteado en el blog secreto (no tan secreto).
Quizás es un deslizón muy grande de las demás cosas que
he venido a lanzar acá. Pero no importa: me enferma que porque soy mina
tengo que comportarme tranquila y no hacer escándalos en los lugares
públicos. Hoy gritoneé mucho a un dependiente de tienda (o tendero,
para sintonizar con la onda tropical del libro de latín) por atenderme
con toda la parsimonia del mundo y por pegarme una mirada de profunda indiferencia
cuando le dije que si se podía apurar, porque tenía cosas que
hacer. Bueno, eso y que no quería devolverme toda la plata cuando le
entregué de vuelta el par de zapatillas que alguien me vendió
mal por errores ridículos. Eso y que el dependiente me dijera que debería
haberme fijado yo en que me vendan las cosas bien. No me venga con tonteras:
me veré muy joven y calladita, pero estúpida no soy.
Eso es todo. Prometo volver al dial.
Etiquetas: examen de paciencia, querido diario
I refuse jueves, abril 10, 2008
Hasta hace cuatro días yo nunca me había planteado seriamente la posibilidad de los abortos. Siempre me ha parecido que es un egoísmo muy grande, un error irreparable, matar a un hijo. Pero ahora apareció en la vida de todas las mujeres chilenas un puñado de diputados prohibiendo la famosa pastillita del día después: un montón de hombres, digamos, que decidieron que hay evidencia de que el 'remedio' es abortivo y que tiene que ser prohibido por anticonstitucional. Y lo que va a pasar con eso no es que se respete más o menos la constitución, sino que ahora habrán muchas más mujeres, especialmente mujeres jóvenes, que se van a ver enfrentadas a la realidad de tener un hijo que no quieren ni planeaban tener.
A mí me parece que las medidas estatales respecto a la salud tienen
que cumplir con dos requisitos: 1) ser un bien aplicado a toda la población
por igual, y 2) ser un bien aplicado de acuerdo a la realidad de la sociedad
de la nación en que vivimos. La decisión del Tribunal Constitucional
no cumple ninguno de esos requisitos, de partida porque la prohibición
de la pastilla aplica solamente a los establecimientos públicos, y porque
se está prohibiendo una medida de anticoncepción de emergencia
que no es nada menos que necesaria en tiempos en que muchas mujeres
están teniendo sexo casual sin protección.
Que existe el sexo casual es una realidad. Que muchas mujeres, especialmente
mujeres jóvenes y adolescentes, no han logrado llegar al punto en que
se hacen cargo de su sexualidad y toman medidas de prevención contra
embarazos y enfermedades, es una realidad incluso más importante. Y para
ellas es que deben existir estas medidas: porque algo puede quedar fuera del
cálculo, porque muchas veces no se pensará en las consecuencias,
y no todas nosotras estamos preparadas para enfrentarnos a un hijo. No todas
tenemos los medios para hacer crecer a ese hijo, para cuidarlo, para cambiar
completamente el curso de nuestras vidas con la llegada de un hijo al mundo.
¿Por qué no, entonces, utilizar una medida de emergencia? De anticoncepción
de emergencia, ni más ni menos, porque las cualidades abortivas de la
pastilla no han sido probadas. Ahora parece que la única opción
es asumir el riesgo de quedar embarazadas, mientras que por los lados más
pudientes de nuestra sociedad las que puedan pagar seguirán teniendo
el acceso, ahora privilegiado, a la solución que a las demás se
nos niega. Porque para qué negarlo: para arriba, estos accidentes también
pasan...
Y si entonces hay una mujer que no quiere tener un hijo, que tuvo alguna vez la opción de hacer un último intento por librarse de la responsabilidad de tener un hijo y ahora le ha sido arrancada, ¿no se vuelve el aborto válido, de alguna forma? Todavía no me convenzo. No sé qué pensar al respecto. Pero he tenido, forzosamente, que pensarlo: la opción es la misma. Las sutilezas de cuándo empieza la vida tienen algo que ver, pero no lo dicen todo. Forzar a alguien a traer un hijo al mundo me suena cada día más irracional, especialmente cuando parece que no hay más escapatoria para aquellas que no están dispuestas a reprimir su vida sexual por ello. Estoy segura de que hay quienes creen que la prohibición hará que las mujeres se moderen. Estoy segura de que es un intercambio injusto e infundado: no pasará.
Yo quiero poder elegir lo que quiero para mi vida. Yo quiero poder elegir cuándo tener mis hijos, y por eso yo digo sí a la pastilla.

Etiquetas: examen de paciencia, la muerte, lo de ser mujer, los de adentro, querido diario
Este querido angelito jueves, marzo 20, 2008
Hasta cuándo, hoy de nuevo me tocó sesión de flauta altiplánica y eso que eran las 8 de la mañana y yo no sé cómo a alguien se le ocurre andar dando conciertos a esa hora donde es tan probable que la micro ande llena (aunque, por una vez, iba VACÍA, hasta con asientos disponibles), claro que este tipo de la flauta altiplánica tenía una zampoña y creo que andaba con otro tipo y si no de todos modos andaba con una radio donde iba el acompañamiento místico, algo así como los violines altiplánicos (si es que existe una cosa como esa).
Etiquetas: examen de paciencia, querido diario, thank you for the music
The condiment aisle sábado, marzo 15, 2008
Cosas medio del mal (y una del muy bien) que han pasado últimamente en mi vida:
1. En la fotocopia de Humanidades ahora hay que hacer cola para que a una la atiendan. Yo sé que seguramente es una medida muy civilizada, muy justa, muy enfocada al bien común, pero por alguna razón esperar quince minutos en la cola a que a una la atiendan es como más traumático que esperar esos mismos quince minutos pero tratando de vencer a la masa de gente que va histérica hacia la ventanita de la fotocopia para lograr que la atiendan, yo creo que debe tener que ver con que en la manera tercermundista de conseguir fotocopias por último es una cosa activa, o que la activa a una, pero el camino a los países desarrollados contempla de todas maneras cosas como estas.
2. El sudoku en versión difícil, ese que viene en el diario La Hora (que me robé de una mesa cuando salí de la clase de Latín), es demasiado para mí. Ayer estaba haciendo uno y pasó mucho rato antes de que me diera cuenta que me equivoqué con un número y consecuentemente me equivoqué en todos los demás números que puse después, y en un acto de desesperación agarré el lápiz y rayé encima el cuadrito del mal. El fácil lo puedo hacer sin mayores problemas. Igual me carga el sudoku, sigo manteniendo que es el nuevo pasatiempo de la gente que quiere parecer intelectual y por eso se compra esos libros con puzzles, pero algunas veces me han salvado de clases muy fomes o de momentos sin tema de conversación, como ayer.
3. Mi radiografía dorsal dice que no tengo nada en la columna, bueno, tengo una parte 'discretamente' desviada como dice el informe, pero todavía no hay una explicación para esa vértebra que me duele y ya me tiene chata, ahora que vienen los fríos voy a andar alegando como vieja chica.
4. Me encanta ver: los lentes de contacto no se notan, no se caen, hay que echarles líquido muy pocas veces y si se limpian bien ni se sienten, y arriba de todo eso alcanzo a leer los carteles y ver los subtítulos. Pure win.
Etiquetas: examen de paciencia, maravillas tecnológicas, querido diario
Everlasting peace lunes, marzo 10, 2008
Hoy yo iba muy sentada con mi música camino al campus Oriente para mi primera clase de Teoría y Técnica Dramática I (que, valga decir, creo que será increíble) y a cierta altura de Macul la micro iba indescriptiblemente llena pero no me di especial cuenta de eso hasta que pasaron dos cosas:
1) se sube un tipo con una flauta de madera y una cuestión enrollada y forrada como con lana, así bien altiplánica, a tocar música en la micro. Hubo un momento de la vida en que yo estaba completamente de acuerdo con esto de los cantores ambulantes, porque de repente le ponen la nota agradable al viaje y si una anda con suerte le tocan unos cantores de verdad muy buenos, pero es que este tipo con su flauta altiplánica daba puras notas estrepitosamente altas, y encima las flautas estas no se caracterizan por tener un volumen agradable al oído tampoco, así que con eso me arruinó la onda del emepetrés, eso y que su concierto fue muy muy muy largo.
2) entre los pitidos de la flauta y lo poco que escuchaba del emepetrés se coló la voz de una señora vieja con cara de pesada que comentó (como hacen todas las señoras viejas que usan el transporte público), mientras se aferraba a un fierro de la micro en frente mío, que cómo era posible que nadie le diera el asiento a la gente vieja y qué se yo. Ya, yo reconozco que me carga dar el asiento, y no creo ser la única porque a toda la gente le carga dar el asiento pero al menos yo cuando hago eso lo asumo y no me hago la dormida ni ninguna de esas cosas, pero me gustaría mucho más que las señoras como ella fueran capaces de venir donde una y decirle, aunque fuera con voz de pesada o con actitud pesada, que por qué no te paras y me das el asiento, así nos ahorramos el problema de tener que andarse tirando palos las dos. De todas maneras, y con toda la lata del mundo, le dije "siéntese, señora", y me paré y salí del asiento, y la vieja entonces le hizo una seña al viejo que llevaba al lado (a quien iba dirigido aparentemente el mensaje) y se sentó él. Dos minutos después el viejo se bajó y ella siguió muy parada ahí con el fierro. Como tres minutos después se bajó también. Y yo perdí el asiento por las puras: me da rabia eso porque aparte de ser mala voluntad todavía no sé qué tengo en la espalda y si puedo irme sentada me iré porque así me duele menos.
En fin, que cuando una tiene clases allá de lejos tiene que puro usar el transporte público (a falta de conocimiento para manejar el auto que no tengo y de estado físico apropiado para ir en bicicleta desde La Florida a Providencia) y pasan estas cosas. Pero entre el emepetrés y el viaje sentada no estuvo tan mal.
Etiquetas: examen de paciencia, mis innumerables talentos, querido diario, thank you for the music
I don't need a picture of him lunes, marzo 03, 2008
Me pasa que ahora soy más grave o me fijo más en las cosas que escribo o quizás me pasa que encuentro que mi blog se aviejó y por eso me cuesta mucho escribir mis entradas de querido diario. He pensado en tener un diario alguna vez, sólo por ese sueño mío de ser un día escritora famosa (o al menos no desconocida), porque cuando me muera como escritora famosa o para cuando me llegue la fama la gente va a querer leer mis cosas privadas y después los expertos van a escribir libros sobre mis traumas de niña o mis conflictos internos, y se me ocurre que eso no se puede leer desde un blog, porque el blog nunca ha sido diario de vida en el sentido de que es completamente público. Pero tener algo que pueda leer sólo yo es demasiado aburrido, se me ocurre, aparte de que añadiría el ingrediente de paranoia, no vaya a ser que alguien lo encuentre, y de todos modos es... no sé, es complejo. Y encima un día encontraría mi diario de vida a los 19 años y me mataría de risa leyendo las tonteras que se me ocurriría escribir. Jajajaja. No, es que yo creo que las únicas partes sabrosas de los diarios de vida son los enamoramientos, las penas de amor y esas cosas, como ahora que alguien encontró una foto del niño que le gustaba a Ana Frank. Quizás para eso me serviría tener un diario de vida, para poder escribir todas las cosas que se me ocurren sobre los asuntos del corazón que no puedo poner acá porque después la gente se me enoja (ya me ha pasado).
Qué rabia, tengo puras ganas de escribir sobre mis desventuras amorosas y no puedo. Pero en fin.
Etiquetas: ecos de otros, examen de paciencia, querido diario
The talented Miss Rydia jueves, febrero 14, 2008
Yo iba caminando muy rápido hacia el pasillo de los quesos (es el camino más corto hasta la parte de las lechugas) y pasó un tipo en dirección contraria que esperó hasta que ya no me veía la cara para susurrarme "peloláis". Y yo no aflojé el paso, pero de inmediato le dije, dulcemente, "estúpido".
¿Por qué ahora la única opción es ser pokemona o ser peloláis? Echo de menos los tiempos en que las personas eran personas, especialmente en esos tiempos en que yo no era nada porque de verdad no era ninguna de esas cosas. Antes de que salieran estos términos una se conformaba con saber que tal persona era metalera, rapera o punk, pero había cantidades y cantidades de otras personas que podían andar por la vida sin recibir etiquetación alguna. Si hasta cuando leo LUN dice "vendedora peloláis se robaba ropa". Y es una tipa enferma de normal. Qué estupidez.
Etiquetas: examen de paciencia, querido diario
I see the greener grass miércoles, enero 30, 2008
Para tener la valentía de tomar un bus interurbano hay que prepararse bien. Pero como yo me devolví a mi casa en un apuro no tuve tiempo de preparame de nada (excepto por el pensamiento recurrente de "no voy a dormir", que a fin de cuentas terminó siendo verdad). Yo parece que he tenido puras malas experiencias en los buses estos que te llevan de un lugar a otro.
La primera vez que tomé uno fue para ir a Buenos Aires en verano (nunca más) con mi padrino y mi hermana. El viaje fue eterno, las pampas argentinas con suerte tienen un par de plantas medio muertas en medio del desierto, y encima la comida fue escasa y yo comí uin pan con mayonesa sólo por necesidad. De vuelta estuvo más bonito eso sí, porque la compañía era chilena, la comida era mejor y la mitad del viaje la pasamos en medio de una tormenta eléctrica increíble, granizo incluido, que valió quedarse despierta la mayor parte de la noche.
El de ayer fue un viaje relativamente cómodo. Mis papás aceptaron pagar un poco más para instalarme en salón cama (con pasaje rebajado de todos modos, una de las cosas buenas de tener una familia movida), a mí me dieron una frazada y reclinado completo el asiento era bastante cómodo, pero de todas maneras el tipo nunca apagó completamente las luces del pasillo y al lado y atrás de mí iba un viejo lanzando unos ronquidos espantosos, de esos que salen solamente cuando la boca está profundamente abierta y la laringe está tapada completamente por alguna cosa ahí dentro. Igual en un momento el señor se paró al baño y mejoró la cosa, pero entonces a mí me bajaron mis achaques de vieja y entre el dolor de espalda y los consiguientes estiramientos y tragados de pastillas para mejorarme, se me fue la noche. Una hora a lo más debo haber dormido entre peajes y sobresaltos varios, hasta que a las 5:15 de la mañana el tipo prendió todas las luces y nos lanzó desayuno antes de dejarme en los suelos de la capital antes de las seis. Para las siete menos cuarto estaba al fin en mi casa, limpia y reluciente pero con un terrible olor a encierro, y tras la ducha reglamentaria y el cambio de ropa para andar con cualquier cosa cómoda, ya me siento bien.
Estoy en casa. Me gustaron mis vacaciones, me gustaron mucho, de verdad. La pasé bien. Me quemé como las mujeres ordinarias. Me hice la trenza que quiero se convierta en algo así como mi tradición veraniega. Terminé de comer cosas ricas para darle la bienvenida a la realidad. Anduve con chaleco en Enero. Pero ya estoy de vuelta en mi casa y hoy es un día de profundo reajuste.
Etiquetas: examen de paciencia, mis innumerables talentos, querido diario, retrato familiar
Now with 50% more realistic cries! sábado, diciembre 08, 2007
A mí todavía me sorprende que haya gente que se extrañe
ante la sumisión de las chilenas.
No es raro si desde chiquititas lo que nos regalan son muñequitas y sets
de ollas. No es raro, porque desde esos años en que yo jugaba con muñecas
hasta ahora pasamos de las guaguas peladas de plástico a unos muñecos
altamente tecnológicos que no solo cierran los ojos cuando se los pone
de espaldas, sino que también comen, van al baño y hay que sacarles
los chanchitos. Desde los tres o cuatro años a las niñitas se
las instala a aprender cómo cuidar de los niños y a ser mamás.
Al mismo tiempo empiezan a jugar con las ollitas y el barro para vivir cómodamente
en la cocina cuando sean grandes.
Si el problema no era solo que nos gustaran las Barbies, es que para la mayoría
de nosotras era muy difícil llegar a tener un Ken: porque jugar con un
hombre no era lo mismo que jugar con una mujer, porque andarlo trayendo a él
era distinto a hacer que ellas se cortaran el pelo o danzaran en patines. O,
de tener uno, la pelea con las amigas era para ver cuál de las muñequitas
se quedaba con el único hombre. Así giramos nosotras en torno
a los muchachitos, desde bien chicas. Entonces no extraña que después
aparezcan algunas que digan que a veces se lo merecen. Que seguramente hicieron
algo mal. Algo como arrancarse de la cocina para ir a denunciar o querer salirse
del rol de ama de casa, de guía de los niños.
Todavía me sorprende que hayan mujeres que digan que no importa, que el Lucho es güeno, pero es que con la forma en que nos criamos parece que no hay otra salida.

Etiquetas: ecos de otros, examen de paciencia, lo de ser mujer, los de adentro, querido diario, sos lo que lloras
Economía lingüística mis polainas martes, julio 10, 2007
Hay algo que me enerva y es que la gente escriba almorzan2, comien2, saltan2, brillan2, o lo que sea.
Eso es todo.
Etiquetas: examen de paciencia, ocupar y colocar
Pongo miel en las historias que te cuento viernes, junio 29, 2007
Encuadre: nueve y media de la mañana, esquina de Vicuña con el
Boulevard del Plaza Vespucio.
Un par de chiquillos escolares caminando por una cuadra y yo por la otra. De
repente uno de los chiquillos me dice OYE! y yo levanto la mirada desde mi fotocopia
de la Divina Comedia y me pregunta de vuelta:
¿Verdá que tú no erís járcor?
Y yo jajajajaja CASI ME MORÍ. Negué con la cabeza y seguí
caminando por la vida. Es que fue terrible. Él me dijo vale gracias.
Yo me fui riendo.
Examen final de Literatura Universal y definitivamente no me fue tan bien como
yo quería, pero a estas alturas ya me da un poco igual. Es que era demasiada
memoria y poca aplicación (menos a estas alturas de la vida). Pero tuve
un buen día, creo, y en un rato más me apresto a caer en coma,
a menos que me armen panorama rápidamente - ¿qué pasa con
esas galletas?
Otra cosa es que mi mami compró TRES tarros de leche condensada ayer,
que fueron cocidos rápidamente y ahora tenemos manjar casero, un placer
que roza en lo libidinoso ya. Pero resistiré la tentación y no
me comeré el tarro completo. Buenas noches.
ETA: Vi a Gonzalo en el metro el viernes. Gonzalo fue el niño de quien me enamoré por primera vez en serio (una cosa de un año, quizá más), mi primer mejor amigo y uno de los hombrecitos más adorables que conozco, a él lo amo con toda mi alma. Y no lo veía hace tanto tiempo que fue hermoso. Lo veo bien, aunque ya no esté estudiando y se fuera a vender ropa en el centro; cabello corto, tan pequeño como siempre, tan abrazable aunque no nos abrazamos tanto. A veces me acuerdo de él y de ese campamento hace un año. Se vino durmiendo sobre mí todo el camino de vuelta a Santiago y yo feliz regaloneando con mi negro; ha sido parte esencial de mi vida desde los tiernos doce años, cuando se apareció por nuestros dominios, seducido por la cabellera pelirroja de la Pía.
Etiquetas: aventuras compartidas, examen de paciencia, los instintos, querido diario
Después de Sala de Parejas viernes, junio 22, 2007
Amo la teleserie de las 4 de la tarde en La Red, "Lo Que Callamos Las Mujeres". ¿Por qué? Pues por esto.
Un capítulo cualquiera: una chiquilla de 20 años tiene un hambre
compulsiva insaciable y su vida se torna miserable desde que la echan del team
de animadoras, porque evidentemente nadie puede ser cheerleader si pesa todos
esos kilos, pero es que realmente no puede parar. Así que su vecina amiga
enferma le da unas pastillas que hacen que se le quite el hambre. Pasan unos
días y la amiga se desmaya y se va al hospital porque está enferma
de flaca..
Un capítulo otro: una hermana tiene anorexia y la otra, que debe tener
unos 12 años, cree que también, pero la primera hermana no lo
asume y le dice a la otra que es una estúpida que quiere llamar la atención.
Y se niega a que vaya ninguna de las dos a la terapia. Pero ese no lo vi bien.
Otro más: una chiquilla tiene un papá muy, muy aprensivo y un
día decide contarle un cuento para que la deje ir supuestamente a estudiar,
pero en ese rato se mete al auto con el pololo (que quería puro pasarla
bien, claro está), se acuesta, queda embarazada y cuando se destapa la
olla a ella la echan de la casa y la deshonran. Y el pololo quiere que aborte
y ella se indigna.
El de hoy: una profesora filantrópica le da plata al tipo al que le acaba
de comprar su propia cartera robada para que le deje educar a sus hijos ladrones,
pero días después de eso los cabros chicos entran a la sala de
computación donde aprendieron sobre los animales y se roban todas las
computadoras. Y hay otra niña que no va a clases y esa profe cree que
a la niña la maltratan o abusan en casa y la directora del colegio dice
que no es problema de ellos. Y la profe le dice que es una amargada y le llega
un cachetazo por atrevida. Ahora resulta que los niños no son hijos del
tipo reducidor, sino que él se los contrata a sus papás para que
le roben, y la niña que no iba a clases también oficiaba de ladrona
bajo la amenaza de que, si no trabaja, la iban a mandar al orfanato; pero ahora
la tienen de prostituta y se acuesta con puros viejos, así que la profe
salvadora la va a buscar con los pacos.
Igual se supone que estas series tienen la moraleja atrás, pero son producto
de mentes definitivamente enfermas que andan pensando todo el día en
qué historia espantosa traer para el siguiente episodio, que va dirigido
a viejas sadomasoquistas que gustan de imaginarse en esas situaciones.
Felicitaciones a los que encontraron al pedófilo asqueroso ese, para que pague de una vez.
Etiquetas: ecos de otros, examen de paciencia, lo de ser mujer, querido diario
Sometimes it rains jueves, junio 14, 2007
A mí me sigue sorprendiendo el hecho de que la lluvia sea noticia. ¡Si
llueve todos los años, por Dios! Y todos los años se inunda Vicuña
Mackenna, y todos los años se moja la gente en las casitas de la parte
baja de la capital, y todos los años un equipo de la tele va a ver cómo
la gente pobre pasa el temporal, creyéndose que es altruista y que aporta
ese reportaje que hacen, si no cambia nada. Sobre todo, todos los años
hay goteras en las casas, y una olla se encarga de recoger las gotitas.. Aunque
no todos los años hay un Transantiago que le arruine más el día
lluvioso a la gente y que encima tiene micreros que alegan porque ganan 400
lucas (harto que ganan).
Y hoy llegué 40 minutos tarde a la U por culpa de esas micros. Eso, y
haberme subido deliberadamente a una micro que no tenía idea para dónde
demonios iría (pero que, la tomara o no, iba tarde igual), pero me pegué
una buena caminata bajo la más o menos lluvia que había temprano.
Y las hojas cayendo. Y un gorro que no es mío en mi cabeza (tiene un
olor distinto y por eso la Dolly lo huele enojadamente). Y yo en la lluvia,
feliz, plena. Me gusta ver llover: me gusta que llueva, y para esos efectos
soy egoísta y no me importa de nada que alguna gente sufra con la lluvia,
porque yo la paso bien. En algunos aspectos es una cosa de actitud (en los aspectos
de la gente que no se inunda y que no se levanta con el caracho).
Aunque ayer quería caminar bajo la lluvia con mi mejor amigo y no lo hicimos. Más bien, ese rato me puso unas canciones poperas que no me gustaron y tomamos café. En todo caso, tomó micro conmigo, aunque haya sido por la lluvia y no porque quisiera estar ahí (no querría).
Para la nota frívola: mi emepetrés portátil falleció de muerte natural el otro día (o no: me parece que le di un golpe) y ahora necesito otro, porque sin música es harto más fome caminar por ahí y me da vergüenza ir cantando por la calle y que de repente alguien me escuche.
Para la nota extraña: hace tiempo no escribo y hace tiempo no publico nada que haya escrito acá, pero es que no sé. Mi blog mutó de algún modo y no es el espacio para publicar lo que escribo. "Lo que escribo", no me gusta esa expresión. Porque me hace sentir como si lo escrito fuera una propiedad mía, transable y tocable cuando no lo es. Porque de repente es nada. Otras veces es todo. A veces me recuerda que me gusta usar muchos paréntesis. Otras veces me recuerda que a mí no me gustaba la lingüística y ahora sí.
Etiquetas: examen de paciencia, querido diario
Porque Chomsky es feo jueves, junio 07, 2007
Hoy quise tomar Transantiago para visitar mi ex-colegio a la hora de almuerzo.
Big mistake. Big Mistake.
Esperé, ¿saben?, esperé veinte minutos la micro n°1
que me dejó en Grecia con Vicuña y esperé otros 40 minutos
la micro n°2, que se supone me llevaría hasta las faldas de Peñalolén,
pero en esos cuarenta minutos pasaron dos micros relativamente llenas que se
repletaron de gente apenas llegaron al paradero de Irarrázaval , y una
que ya venía tapada con gente (que creo es mi última
muletilla, aunque es verdad) cuando llegó. Y el paradero también
llenísimo. Así que me bajó el estrés y decidí
abandonar mi cometido.
En todo caso, lo cambié por una visita rápida a la casa de los Hurtado, donde Cris me dio almuerzo y Chocapic marca Jumbo. Estuvo bueno el cambio eso sí, aunque me da lata porque varias veces ya había hecho ese viaje y todo bien. Y ahora todo mal. Y me carga hablar tanto del Transantiago, pero qué hacerle, si es algo que efectivamente pasa.
A mi lado hay una cama que no hago hace tres días y que, de paso, me grita que ordene un poco. Pero eso es más rato.
También hace dos días compré un teclado nuevo que suena
entretenido (no puedo reproducir sonidos, desde luego, pero suena mejor que
el anterior, tiene un sonido más relajante), pero como me sé la
posición de las teclas de memoria y este teclado es relativamente distinto
al anterior, a veces pasa que no miro lo que escribo y de repente he escrito
puras leseras. Pero es cosa de práctica.
Lo malo fue que ayer se me cayó un poco de quitaesmalte en el apoyamuñecas
y prácticamente se hizo pedazos. Pero esa parte del teclado es prescindible.
Me gusta eso sí, especialmente porque tiene una teclita al lado que abre
Word rápidamente y sin clicks innecesarios (y es que estos teclados cachilupi
multimedia lo único que hacen es fomentar la flojera endémica
de una).
También: en dos semanas más yo creo que explotaré, porque eso es todo lo que me queda de clases y tengo que despachar alrededor de cuatro trabajos escritos la semana que viene. Y me dará artritis y explotaré. Pero por ahora, todavía no. A ver si mañana llego a hacer algo porque hoy no tengo ganas.
Me voy a ordenar. Saludos a la gente loca y gracias a Cristóbal por alimentarme hoy y entretenerme con su ridiculez, amoroso él.
Etiquetas: examen de paciencia, maravillas tecnológicas, querido diario
How my heart behaves lunes, junio 04, 2007
A pesar de llevar tres meses estudiando letras todavía hay cosas que
no entiendo. Como por ejemplo:
a) por qué no puedo usar gerundios por la vida
b) por qué tengo que convertirme en una autómata y cada vez que
vea un cartel que diga "mi metro, tu metro" en el metro yo piense
internamente "eso es oración bimembre averbal"
c) por qué tiene que pasarme algo similar cuando la profe diga "antecopretérito
de subjuntivo de cantar" y yo mentalmente responda (aunque todavía
después de un buen trabajo) "hubiera o hubiese cantado"
Pero las cosas son así y no hay nada que hacerle a ese asunto que me
está pasando.
Sin embargo, si quisiera cambiar mi vida podría dejar de comprar cafés instantáneos en el cofibreic. Pero no lo hago porque son ricos, y porque hace alrededor de tres semanas atrás dejé de tomar café en casa para cambiarlo por el té (y las bolsitas rojo oscuro que se llaman English Breakfast son increíbles), y es rico el té también, aunque dice mi mami que más adictivo que el café. Pero el café en casa no viene en esos sabores estrambóticos de la maquinita de Nescafé de la U, así que es mejor comprar allá.
También: los pelotudos de los micreros de esta zona de Santiago decidieron hacer paro el miércoles, y yo creo que es lo peor que se les podría ocurrir, porque está la cagá en el metro, generalmente todas las micros que pasan por Vicuña a la hora peak van literalmente tapadas con gente y si se van a paro va a ser un desastre. Aunque mi hermana se ofreció (no sé por qué, pero yo me aprovecho) a ir a dejarme si la despertaba y qué mejor, si asumo que me carga caminar a tomar micro y más cuando va tan llena. Pero me da susto el paro, llegar atrasada a Gramática me da vergüenza y si pasan más de diez minutos después de que inicia la clase de Universal, simplemente no puedo entrar. Así que me iré cómodamente sentada en el auto auspiciada por mi hermana.
Y pasa que acabo de gastar alrededor de una hora de mi vida fotocopiando un libro en inglés sobre el Rey Arturo (como cuarenta páginas - ni siquiera el libro entero), pero fue una inversión de tiempo interesante porque el texto es fácil de leer y viene con unas ilustraciones preciosas.
Mm, así que ahora me acostaré. O comeré algo y me acostaré.
Etiquetas: examen de paciencia, los instintos, querido diario
I'll unchain your heart and cause you pain miércoles, abril 18, 2007
Cuarto año de Letras Inglesas y así termina la historia. Siquiera
habrá oído un par de gritos: aprieta el gatillo una vez, dos veces,
y el primer paso está listo. No hay más que hacer. Mantener la
calma, quizás, pero eso se da por descontado. No: él no actúa
en un acto de furia. Toda esa rabia que tenía dentro hace tiempo se congeló
como en dolorosas estacas translúcidas. Y se le clavaron dentro como
cuchillos: ¿han sentido alguna vez los demás dolor? ¿Han
sentido alguna vez algo más que placer, ese estúpido pavoneo de
los malditos ricos? Nosotros no tenemos nada. Nunca lo tuvimos. Vine aquí
para ser alguien y lo único que soy es un estudiante de cuarto año.
Nada más. Pero he aquí mi marca: nadie me olvidará. Porque
no pensaron antes en todo lo que hacen: yo les haré darse cuenta de toda
la miseria que inyectan en nuestras vidas, sólo porque pueden. Sólo
porque pueden.
Pero llegó el momento. Una vez que llegó, simplemente tuve que
hacerlo. Ustedes mismos me proporcionaron las armas que necesité. Toda
la rabia que necesité me la dieron ustedes. Las balas me las vendieron
con una sonrisa. De eso están tan orgullosos, ¿no? ¿No
se sienten orgullosos de sus malditas bolsas de dinero y el reluciente revólver
que esconden bajo la almohada para matar a sangre fría a quien se les
acerque? Se sienten tan seguros, pero no saben nada. Son ustedes mismos los
que alimentan a los que alguna vez nos vengaremos. No vengan a llorar cuando
todo haya pasado. Y así se toma el tiempo necesario para mantener la
cara seria por otro par de horas, paseando tranquilamente hacia el correo y
de vuelta. Encerrar gente le dará una satisfacción feroz. Descargar
todas sus balas en ellos y una última en sí mismo será
el último acto de su vida.
(Traducción/adaptación, porque suena mejor en inglés. No digo que jamás haría una cosa así, pero puedo entender sus razones, y me avergüenzo de que la gente pueda provocar tal impresión en personas pequeñas, que terminen pensando que la única salida es matarlos a todos antes de matarse a sí mismos.)
Fourth year of English and this is how the story ends. He'd at least heard
a few shrieks: he pulls the trigger once, twice, and the first step is done.
There's nothing else to do. Keep calm, maybe, but that's rest assured. No: he's
not acting in fury. All that rage he had inside since long ago is frozen as
in painful, translucent stakes. And they've stabbed him like knifes: have they
ever felt pain? Have they ever felt anything else but pleasure, that boastful
stupidity of the fucking rich? We don't have anything. We've never had. I came
here to be someone and all I am is a fourth year student. Nothing else. But
here's my stamp: no one is ever going to forget me. Because they never thought
about everything they do: I'll make them realize all the misery they inject
into our lifes, just because they can. Just because they can.
But the time came. Once it came, I just had to do it. You gave me the weapons
yourself. All the rage I needed, you gave it to me. You sold me the bullets
with a big smile. You're proud of that, aren't you? Don't you feel proud of
your fucking money bags and of the shiny gun you hide under your pillow to kill
anyone that comes close? You feel so safe, but you don't know anything. You,
yourselves nourish everyone that'll ever take revenge. Don't come crying when
everything's done. And then he takes all the time he needs to keep his face
straight for another couple hours, walking peacefully to the post office and
back. To lock people will give him a savage satisfaction. To discharge all his
bullets on them, and a last one on himself, will be the last act of his life.
Otras cosas dignas de revisar: el sobre que el asesino le mandó a la tele, y el artículo de Wikipedia sobre Cho Seung-Hui.
Etiquetas: en inglés, examen de paciencia, la muerte, querido diario
Mejor empiezo a trabajar en esto lunes, marzo 19, 2007
Voy a ser certera y decir que en el mundo hubieran la mitad de accidentes, si la gente fuera menos estúpida.
Estupidez número 1: creer que hacer skate extremo es cool, y para demostrar lo cool que eres tratar de hacer una pirueta doble en una rampa. Hasta ahí no tan estúpido, pero sólo hasta que la pirueta doble incluye al skater hecho una bola de fuego porque al lindo se le ocurrió que sería súper chori hacerla quemándose. Encima porque no vio nada, y la pirueta no le salió, y no sólo quedó malherido pero con quemaduras de segundo y tercer grado por todas partes.
Estupidez número 2: creer también que hacer patines extremos es cool, sumándole a eso ser muy autoexigente y tener una cantidad de amigos patinadores tanto o más estúpidos para animarlo a hacer piruetas. Entonces se salta de una barra a unos cuatro metros de altura y sin casco, pero saltando mal, y cayendo de espalda con el consecuente rebote doble de la cabeza en el suelo. Después viene el hospital, y el coma inducido, y los meses de recuperación por quebrarse la cabeza.
Estupidez número 3: creer que porque se es boxeador se puede hacer lo que se quiera en el ring, y entonces cuando el réferi sanciona por un golpe bajo, agarrarlo a combos al réferi y noquearlo. Así de simple. Después de eso se es acusado por no me acuerdo qué, y se termina preso y sin carrera.
Estupidez número 4: creer que es súper heavy metal tirarse de un camarote, y por ende caer en una silla de metal. Que se entierra justo por la mitad del muslo extrím. Y después tienen que llegar los de emergencias con unas motosierras a cortar la silla y llevárselo al heavy metal al hospital con un trozo enorme de metal incrustado en el muslo, porque si se lo sacan, seguro que se muere mucho más rápido.
Estoy viendo ese programa sobre los videos más terribles del mundo (o algo así, me olvidé del nombre), que en mis palabras son los videos más espantosos de la historia. Viendo eso me doy cuenta que soy una morbosa por quedarme viendo estas cosas, pero más morbosos son los que lo hacen el programa, por dedicarse a encontrar estas cosas. Y por repetir las partes atroces una y otra vez, como si tal cosa. Ahora mismo el video es sobre unos diputados argentinos agarrándose a combos. Otras cosas espantosas incluyen arrancar de los pacos por la autopista en sentido contrario y tener un choque frontal, y también subirse a domar los toros en los rodeos (me cargan los rodeos) y quedarse amarrado al toro después de caerse.
Etiquetas: examen de paciencia, querido diario





